Capeas en Honor de San Bartolome

Una de estas tradicionales señas de identidad, vinculada al pueblo de Beas desde sus orígenes, son las celebraciones litúrgicas y populares en honor de San Bartolomé, santo titular de la única parroquia del pueblo, y, por tanto, patrono protector del mismo, desde la erección de la parroquia tras la conquista castellana en el siglo XIII.

Desde esos primeros momentos, el día 24 de agosto, fiesta litúrgica dedicada a San Bartolomé por la Iglesia Católica, ha sido una jornada festiva en el pueblo, la cual se conmemoraba con distintos actos festivos que tenían como espacio de desarrollo principal la plaza del pueblo, la actual Plaza de España.

En el año 1782, el rey Carlos III concede al Ayuntamiento de Beas la celebración de una feria agrícola y ganadera coincidiendo con la festividad de San Bartolomé, la cual tendría lugar durante los días 25 y 26 de agosto, los dos posteriores a la festividad de San Bartolomé.  Esa feria se va a desarrollar en la Plaza (hoy Plaza de España) y en el Cordel de Portugal (las actuales calles Belén Viviente y Andalucía), espacio este último donde tendrán lugar los tratos ganaderos. Esta feria agrícola y ganadera será la que dará origen a la actual feria del pueblo.

Cincuenta años más tarde, en 1835, comenzarán a celebrarse las primeras corridas de toros coincidiendo con la feria de San Bartolomé. En sus primeros años la plaza de toros ideada para la celebración de los festejos taurinos debió ejecutarse de un modo bastante espontáneo, es decir, aportando los vecinos de la población sus carros a fin de conformar un espacio cerrado y relativamente confortable desde el que poder disfrutar del espectáculo taurino.

Conforme vaya pasando el tiempo esta espontaneidad inicial con la que fue trazado el cuadrilátero taurino fue poco a poco perdiéndose en beneficio de una mejor organización, impuesta por criterios de comodidad y espacio, dando lugar a la actual Y singular plaza de toros que cada año se construye en este espacio, realizada con empalizadas, andamios de madera y ruedas de carros, conocidas popularmente como “las carretas”.

En la actualidad las Fiestas en honor de San Bartolomé conjugan esos tres aspectos festivos: el litúrgico, las capeas populares y la feria. Cada año, en torno al día de San Bartolomé, se celebran en Beas las fiestas oficiales del municipio, que en este año de 2016 discurrirán entre los días 23 y 28 de agosto.
 
De mañana, sobre las diez, los beasinos se dirigen al lugar en el que se va a proceder al embarque del ganado que será lidiado ese día. Allí los grupos de amigos pasan la mañana acompañados de variadas tapas y vino, hasta que llega el momento del embarque, lleno de gran belleza, y en el que las vacas son introducidas en el camión que las llevará hasta el pueblo. Luego, se regresa al pueblo para efectuar la suelta de las vaquillas, que desde el final de la calle San Sebastián partirán hacia la Plaza, en medio de dos hileras de continuas de "jaulas", nombre con el que se conocen a las empalizadas construidas en la calle para presenciar la suelta de vaquillas.

Cuando llegan a la plaza se procede al encierro del ganado, para que luego las vaquillas descansen hasta la corrida de la tarde. Pero antes, se efectúa la lidia de una vaquilla, a la que se conoce popularmente como la "vaca del aguardiente".

Por la tarde, a las ocho, tienen lugar los distintos espectáculos taurinos programados para cada día de fiestas.

Las noches de toros son noches de feria, recuerdo de la feria comercial creada en 1783. Hoy son fiestas en la que los beasinos toman sus copas y charlan en los bares instalados en el recinto ferial, que se ubica en torno al Pozo del Concejo y la avenida del Belén Viviente. En la Caseta Municipal que anima la noche de feria beasina, tienen lugar distintas actuaciones musicales para amenizar la fiesta.

El día 24 de agosto, festividad de San Bartolomé tiene lugar la singular procesión popular del Santo por las calles de Beas, caracterizada por el acompañamiento musical al ritmo de pasodobles y sevillanas, en el transcurso de la cual los vecinos agasajan a los acompañantes del Patrón con dulces, tapas y copas de vino, en un ambiente caracterizado por el júbilo generalizado y los continuos vivas al Santo.

  

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