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El monumento más significativo es la Iglesia parroquial de San Bartolomé, situada en la cima de la colina sobre la que se asienta el pueblo de Beas. El edificio, que responde al característico templo gótico-mudéjar sevillano, cuya construcción pudo iniciarse durante los siglos XIV y XV, posee planta rectangular, con tres naves y crucero. La torre del templo, una de las más altas y bellas de la provincia, se alza sobre la cabecera de la nave de la epístola. Para su construcción debieron aprovecharse los restos de una antigua torre vigía, según indica Pascual Madoz. Por su trazado y formas puede decirse que es una torre de fines del siglo XVIII, cuya finalización viene marcada por la fecha existente en su veleta: 1829. En el interior de la parroquia existe un rico patrimonio artístico (Virgen del Rosario, Virgen de Gracia, San Bartolomé y Cristo de la Sangre del siglo XVI, piezas de orfebrería, obras pictóricas, etc.).

Entre los edificios religiosos del pueblo, aún se conserva en la calle Santa Engracia la capilla del hospital de Santa María de Gracia, de trazado mudéjar, fundado en 1566 según Pascual Madoz y dedicado a la asistencia de pobres y niños expósitos.

De los edificios civiles con los que cuenta el pueblo de Beas destacan algunas casas del casco urbano de los siglos XVIII, XIX y XX, el propio Ayuntamiento, restarurado en 1999, realizado en 1881, obra del arquitecto Manuel Pérez González, y el edificio utilizado actualmente como Casa de la Cultura, proyectado un año después por el mismo arquitecto, para escuelas del pueblo. Otro de los edificios civiles más significativos de la población es el Cementerio Municipal, obra del renombrado arquitecto onubense José María Pérez Carasa, cuya construcción data de 1927, ejecutada en estilo regionalista. También cabe resaltar como obra de ingeniería civil el dique o pantano de Beas, que entró en funcionamiento en 1927 para el abastecimiento de la capital de la provincia y posteriormente, desde los años 70, para el abastecimiento de Beas.

A tres kilómetros de Beas se encuentra la Ermita de Clarines, cuya estructura actual es fruto de la reconstrucción llevada a cabo en la misma en 1970, tras los efectos del terremoto de 1969, y reformas posteriores realizadas en 1980 y 1990. El interior de la ermita presenta una sola nave cubierta con techumbre de madera a dos agua, sobre tres arcos carpaneles. Este espacio conserva importantes imágenes en talla, como el Señor de Clarines, obra de León Ortega de 1943; la imagen de Nuestra Señora de los Clarines de Castillo Lastrucci de 1938 y Santa Ana, imagen de fines del siglo XVI de la escuela sevillana.

En Fuente de la Corcha destaca la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de la Salud, de mediados del siglo XX y la torre, obra del arquitecto sevillano Rafael Herrera. La iglesia conserva en su interior la imagen de Ntra. Sra. de la Salud, obra anónima de hacia 1880.

En Navahermosa sobresale la Ermita de las Mercedes, en el Barrio Alto, de la que ya se tienen noticias de su construcción en el siglo XVIII. La ermita, muy sencilla, presenta una nave con techumbre de madera a dos aguas, compuesta por vigas con tablazón. En su interior se conserva la imagen de la Virgen de las Mercedes, talla en madera policromada realizada en 1992.

En Candón destaca la Iglesia Parroquial de San José, cuya inauguración tuvo lugar en 1917. Presenta un pórtico de entrada formado por tres arcos de medio punto. El interior del templo tiene una sola nave y techumbre de cielo raso. Como piezas artísticas más destacadas en su interior se encuentran una escultura en madera policromada del Corazón de Jesús, realizada por Manuel Cerquera en 1939, un Crucifijo de León Ortega, realizado en 1980 y la imagen de San José en madera tallada y policromada realizada en 1995.

Finalmente cabe citar a la Ermita de Ntra. Sra. de España, que aunque ubicada en Sotiel Coronada, término municipal de Calañas, se encuentra ligada, por la historia y los sentimientos, a los beasinos, pues su titular es venerada desde tiempo inmemorial. La actual imagen de la Virgen es obra de Antonio Castillo Lastrucci, de 1956. La ermita está compuesta de una sola nave, con techumbre de madera a dos aguas.

Para conocer más sobre la historía y el patrimonio de Beas, pueden consultar el libro:

"La Torre y la Parroquia de San Bartolomé. Cinco siglos de la Historia y Arte en Beas"

Autor: Diego Lorenzo Becerril Pérez, 1998; Ayuntamiento de Beas; ISBN 84-923791-0-3

 

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El término municipal de Beas se encuentra localizado a medio camino de dos grandes unidades fisiográficas de nuestra provincia, el Andévalo, al norte, y la Campiña, al sur. Esta diferenciación puede ser perfectamente apreciada por cualquier viajero que se acerque a nuestro municipio utilizando como vía de acceso la carretera N-435, que une Huelva con Badajoz. Si viene desde el sur lo primero que sus sentidos captarán serán los paisajes agrícolas de olivares, viñedos y cereales, luego se encontrará con la capital, Beas, y, tras atravesarla, detectará como el paisaje cambia radicalmente para dar paso a las dehesas de encinas y, luego, a montes más transformados para aprovechamientos forestales, en los que comienzan a predominar los pinos y eucaliptos.

Por tanto, nuestro municipio presenta al norte las primeras estribaciones montañosas de poca altura de Sierra Morena, con una orografía ondulada, destacando entre las cumbres el Cerro de la Alcornocosa de 184 metros, la Cumbre del Águila con 189 metros, el Cabezo de la Sepultura que alcanza los 196 metros y la Estación de Venta Eligió, cima del municipio con 231 metros de altitud. Estos terrenos son de materiales silíceos muy antiguos, constituidos fundamentalmente por pizarras y areniscas.

En cambio en el sur del municipio los terrenos son muy aptos para la agricultura, están formados por depósitos marinos y continentales, tierras de configuración geológica mucho mas recientes, pertenecientes a la Depresión del Guadalquivir, en los que predominan las arenas, areniscas y margas azules, muy buenas para los aprovechamientos agrícolas.

El hecho de que el término municipal se encuentre a camino entre estas dos grandes unidades fisiográficas, va a determinar que sus más de 14.000 hectáreas de superficie nos sorprendan por su gran variedad paisajística. Tal vez el paisaje más conocido sea el ruedo de Beas, es decir, el conjunto de paisajes agrarios situados en torno a los dos principales núcleos de población: Candón y Beas, con parajes como El Cabezo del Moro, Las Camachas, Portíllejos, Las Suertes Angostas, Las Traviesas, Matahijos, El Charco Hondo, Las Cuestas, La Alameda, Las Monjas, El Coto de Candón... en los que destacan los campos labrados de olivos, vides y cereales.

Es un paisaje muy alterado por el hombre, pero que también ejerce una cierta atracción para alguna fauna, especialmente aves. Por ejemplo, el olivar sirve de cobijo para una importante avifauna invernante: petirrojos, lavanderas, zorzales etc.

Los campos de cereales y viñedos ofrecen sustento a un gran número de especies estivales: golondrinas, aviones, vencejos, alcaudones, aguiluchos, etc. Junto a estas aves no es extraño encontrar otras especies animales como conejos, liebres, ratas comunes, ratones caseros, topillos, cigüeñas, milanos negros, lechuzas comunes, abubillas, garcetas, verderones, jilgueros, sapos, lagartijas, culebras, etc.

Además la parcelación de propiedades, con la existencia de vallados y setos naturales, permite la existencia de una vegetación silvestre, productora de semillas y frutos, que ofrece alimento y refugio para la fauna. De este modo a lo largo de la campiña pueden observase setos de chumberas, pitas, lentiscos, zarzas, etc. con otras especies de matorral como jaras, torviscos y palmitos, o de lianas, como zarzaparrillas, madreselvas... Pero la cada vez mayor potencia de los vehículos de labor está haciendo en muchos casos mermar esta flora natural, eliminando estos setos y, consecuentemente, a la fauna que habita en ellos.

A este problema hay que añadir el cada vez mayor uso y abuso de pesticidas y herbicidas, que esta terminando por envenenar progresivamente la fauna y el abandono y pérdida continuada de las polladas.

Los bosques de ribera constituyen otro de nuestros importantes ecosistemas ambientales. Los arroyos que atraviesan las zonas agrícolas actúan con la vegetación que crece en sus orillas como barreras de rotura de vientos y protección de cultivos. Esa vegetación de su ribera contribuye a mantener la estructura de los cauces y protege a las tierras de labor de avenidas y riadas. Los setos fluviales constituyen igualmente auténticas islas naturales dispersas, por cuyos corredores la fauna puede discurrir de unos puntos a otros, sirviéndoles de lugar de cobijo, zona de cría y alimentación. Ejemplos de este bosque lo encontramos en el arroyo de los molinos, arroyo de la Parrilla, arroyo de la Bárcena,...

Otra de las grandes unidades paisajísticas del municipio es la dehesa, en la que se combinan encinas y alcornoques con matorrales: lentisco, madroños, tomillos, romeros, aulagas... y pastos; las tiernas yerbas estacionales que crecen en la misma son de gran valor nutritivo para el ganado. Los frutos de la dehesa son aprovechados por piaras de cerdo ibérico u otros rumiantes. A partir de 1970 con el inicio de su actividad de la empresa de celulosas ubicada en Huelva, se inició la plantación masiva de eucaliptos en zonas antes ocupadas por dehesas.

Hoy este paisaje tan, mermado, como ya se ha comprobado, pervive con algunos buenos ejemplos, como pueden ser Pallares en la carretera que conduce a Fuente de la Corcha y La Pocilga, próxima al núcleo de Beas, junto a la N-435, así como en La Nicoba, La Casa Nueva y El Conejero.

Nuevos paisajes, muy diferentes a los que hasta ahora hemos analizado, nos vamos a encontrar al noroeste del término municipal, zona más inaccesible para el hombre y, por tanto la menos conocida por los beasinos. Este espacio, de gran belleza, se extiende por una ancha franja a lo largo del curso del río Odiel; coincide básicamente con los Baldíos de Beas, una finca de unas 2.200 hectáreas de propiedad municipal y administradas por el Instituto Andaluz de Reforma Agraria. Son los últimos reductos estos, junto con otras pequeñas parcelas en el barranco de Pedro López, de los inmensos baldíos que nuestro municipio poseía hasta 1855.

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Cada día es mayor el número de municipios que contempla su propio potencial como principal vía para el desarrollo local. Entendiendo el desarrollo local como un objetivo prioritario, nuestro municipio se ha ido dotando en los últimos años con distintos instrumentos capaces de alcanzar este fin.

Mancomunidad de Desarrollo Local "Campiña Andévalo"

Presta servicios desde principios de mayo de 1998, tiene su sede en Beas y está integrada por los municipios de San Juan del Puerto, Beas, Trigueros y Valverde del Camino. Sus principales objetivos están enfocados hacia el aprovechamiento de recursos endógenos, la captación de recursos económicos, el incremento de la formación y el fomento del empleo entre otros.
Esta entidad se configura con un instrumento que proporciona un valor añadido a las iniciativas de desarrollo de cada una de las localidades que la integran, y a la vez supone una herramienta para implementar proyectos y programas que benefician a cada uno de los municipios.

La Escuela de Empresas

Es otra entidad promovida por la Consejería de Empleo y Desarrollo Tecnológico de la Junta de Andalucía, al servicio de las corporaciones locales o Ayuntamientos y tiene por objetivos la incorporación al empleo de los jóvenes desempleados, la formación de jóvenes en técnicas empresariales, la explotación de los recursos endógenos, el fomento de la economía social como método de creación de empleo y el desarrollo económico y social de la zona.

Ofrece tanto infraestructuras, (tales como un centro de gestión con servios comunes y cesión gratuita de cuatro naves industriales durante un período máximo de tres años) como servicios de apoyo directo a través de la Dirección de Escuela, asesoramiento especializado a través de una consultora de apoyo, una línea específica de ayudas a la inversión y programas de formación en técnicas de gestión empresarial.

 


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A finales del año 2011, Beas posee una población de 4.595 personas. La cabeza del municipio, Beas, concentra al 92,08% de la población, mientras los otros tres núcleos de población sólo acogen al 7,92% restante, de ese porcentaje la mayor parte residen en Candón. Estos núcleos tienen su origen en la emigración de vecinos de Valverde del Camino, pueblo situado a 19 kms. al norte de Beas, que dejaron su tierra buscando nuevas y mejores posibilidades de vida. Centenares de colonos valverdeños, labradores y ganaderos, se fueron estableciendo, desde al menos el siglo XVI en los Baldíos de Beas y Niebla, ocupando y sembrando las tierras, pastando sus ganados y creando posteriormente pequeños núcleos de población que darían lugar a las actuales aldeas.

Respecto a la estructura de la población, debido al descenso de la natalidad, el contingente de población juvenil con respecto a décadas pasadas ha disminuido. Los menores de 18 años representan el 17,13% y los mayores de 65 años representan el 18,69 %.

En el municipio los porcentajes de varones y mujeres son muy parejos: 50,23% de varones frente al 49,77% de mujeres.

El nivel de instrucción de la población presenta un porcentaje de población analfabeta que alcanza al 3,09 %, pero, tal vez el dato más significativo con respecto a décadas anteriores es la disminución de las personas que no poseen estudios, con una tasa del 20,61%. Más de la mitad de la población, el 51,71% tienen estudios primarios o medios. Y sólo un 5,83% de la misma tiene algún tipo de estudios superiores, ya sea en grado de diplomado, licenciado o doctor.

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Tradicionalmente las actividades económicas desarrolladas por los habitantes del municipio han sido la agricultura y la ganadería, que aún en la actualidad siguen siendo los principales pilares de la economía local.

De las más de 14.000 hectáreas de superficie del término municipal, el 28%, unas 3.989 hectáreas se dedican a cultivos. De entre los cultivos destacan los herbáceos (cereales, oleaginosas,...) y el olivar con 2.138 y 1.376 hectáreas respectivamente. En menor medida habría que hablar de los frutales, con una superficie de cultivo de 106 hectáreas y el viñedo, con 86 hectáreas.

De estos productos agrícolas mencionados, el último de los indicados, la vid, se encuentra en franco retroceso como lo demuestran las siguientes cifras: entre 1982 y 1989, en menos de una década, el número de hectáreas dedicadas al cultivo de la vid en el municipio ha descendido a más de la mitad, pasando de 212 a 86 hectáreas cultivadas, continuándose actualmente esta tendencia a la baja. Para esas mismos fechas indicadas la superficie de olivar también se vio mermada, pasando de 1.640 hectáreas en 1982 a 1.376 en 1.989, si bien en la actualidad esta tendencia se ha frenado con nuevas plantaciones, modernas e intensivas, de las que se esperan mejores rendimientos y calidad.

No siempre ha sido éste el porcentaje de superficie cultivada en el municipio, pues estos dos últimos siglos han conocido cómo aumentaban las tierras cultivadas, en detrimento de los montes y pastos. En efecto, la desamortización civil puesta en marcha por el estado liberal en 1855 hizo que muchos baldíos o bienes comunales, dedicados a montes y pastos, pasasen a manos privadas con su posterior dedicación a labores agrícolas (El Labradillo, El Palmar del Duque, Dehesa de Candón, etc.) Este fenómeno siguió en el siglo XX y aún puede apreciarse en la actualidad, especialmente en zonas como El Labradillo, Los Bebederos, Vallemontuoso...

Las explotaciones agrícolas del municipio suelen caracterizarse por su gran dispersión y poca extensión, de manera que la mayoría de los propietarios apenas cuentan con 5 hectáreas de tierras, al tiempo que se encuentran divididas en pequeñas parcelas alejadas unas de otras. Este fenómeno de la dispersión de las tierras es producto de la tradicional partición de la tierra por herencia, que actúa en la actualidad como un factor de estrangulamiento de cara a su rentabilidad, aumentando los costes de explotación y desplazamientos. Valgan los siguientes datos para hacernos una idea de este fenómeno, de las 614 explotaciones agrícolas existentes en el municipio en 1989, 439 tienen menos de 5 hectáreas, 61 no llegan alas 10 has, 57 reúnen entre 10 y 20 hectáreas, 27 explotaciones poseen entre 20 y 50 hectáreas y sólo 29 poseen una superficie mayor a las 50 hectáreas.

Existe en el municipio una larga tradición cooperativista en la explotación de sus productos agrícolas, especialmente en el cultivo del olivar. Esta tradición se inició en 1942 con la creación de la primera cooperativa oleícola que nacía en la provincia de Huelva; se trataba de la Cooperativa de San Bartolomé, cuyos buenos resultados animaron la constitución de otras nuevas. A ella le siguió en 1949 la Cooperativa de Ntra. Sra.del Reposo en Candón, la de Ntra. Sra.de los Clarines en Beas, creada en 1954 y, finalmente, la de Ntra. Sra.de Gracia, también en Beas, constituida en 1962.

El avance de los tiempos determinó la fusión de todas las existentes en el pueblo de Beas en diciembre de 1982, en una sola, que conservó el nombre de la más antigua, San Bartolomé, y las instalaciones de la más moderna. Por tanto, a partir de entonces sólo dos cooperativas trabajan en el sector del aceite de oliva en nuestro municipio, la de San Bartolomé, en Beas, que cuenta con 1.100 asociados, según datos de 2010, y la de Ntra. Sra.del Reposo, en Candón, con 179 socios. Beas es, de este modo, el único municipio de la provincia que cuenta con dos almazaras cooperativas. Ambas han iniciado recientemente un proceso de modernización de sus instalaciones con la implantación de un sistema continuo de molienda, que presenta frente a los modelos anteriores unas claras ventajas: menores costes laborales, mayor higiene, mayor homogeneidad del producto y, por tanto, una mejora de la calidad de los aceites obtenidos.

Cada una de estas cooperativas comercializa sus aceites con una marca propia: Olibeas en el caso de la Cooperativa de San Bartolomé (www.olibeas.com) y Ntra. Sra.del Reposo en el de la cooperativa de Candón.

Además de estas cooperativas, existen otras en el municipio para la comercialización de otros productos agrícolas, como son la Cooperativa Virgen de España dedicada a la producción de vino, y las cooperativas cerealísticas San Isidro, en Candón, y San Isidro, de Beas, para la comercialización de cereales y oleaginosas.

Las labores del campo no ocupan durante todo el año a una abultada población agrícola, por lo que esta se ve obligada a un traslado masivo de jornaleros a otros municipios del Condado y la Costa para la recogida de la fresa, cítricos y otros frutales. Suele ser este un desplazamiento diario en época de campaña que se inicia a primera hora de la mañana para regresar por la tarde. Es una emigración diaria en busca del sustento de muchas familias de jornaleros que tienen su residencia fijada en nuestro municipio.

La ganadería en el municipio se desarrolla básicamente en régimen extensivo, destacando la cabaña ovina. La actividad forestal es un complemento a la agrícola; se dedica especialmente a la explotación del monte para alimentar las necesidades de madera de la Empresa Nacional de Celulosa. Posee además algunos aprovechamientos cinegéticos en los montes municipales de los Baldíos de Beas, situados al noroeste del término municipal.

En la actualidad, sólo un 0,02% de la superficie cultivada del municipio están puestas en regadío en su mayor parte son tierras próximas a Candón. Existen otros proyectos futuros de puesta en regadío de una mayor superficie agrícola en el municipio. El agua procederá de pantanos actualmente en construcción o en fase de proyecto (Presas del Andévalo y Alcolea). Con la puesta en regadío de nuevas tierras existe la posibilidad de diversificar la producción agrícola de la localidad, introduciendo nuevos cultivos.

A diferencia de la agricultura y la ganadería, la industria y los servicios son los sectores de la vida económica del municipio que cuentan con un menor desarrollo y esta compuesto por: panaderías de carácter privado, talleres mecánicos, algunas carpinterías (madera y metálicas), supermercados y tiendas de comestibles, tiendas de tejidos, polveros, constructoras, inmobiliarias, guarderías y un gran número de bares y restaurantes. Cave destacar que desde hace unos años sea ha implantando nuevas empresas con bases tecnológicas (una empresa de informática y un huerto solar).

Podrían citarse otras dos actividades industriales tradicionales en el municipio, ahora en plena decadencia, la destilación de esencias y la alfarería de tejas y ladrillos.

Junto a esta industria alfarera existe otra en la localidad dedicada a la producción principalmente de piezas decorativas, en donde trabaja David Domínguez, un alfarero de reconocido prestigio.

Respecto al futuro, a pesar de que la tasa de crecimiento económico de nuestro pueblo es muy baja, existen razones fundadas para un futuro económico mejor para el municipio. Una de estas razones de esperanza viene dada por la oportunidad que le brinda la cercanía a la capital de la provincia, así como las buenas vías de comunicación con el sur de nuestra provincia, Sevilla, Portugal y la región extremeña. Otra de esas oportunidades viene condicionada por su rico entorno agrario, del que ya existen proyectos de puesta en regadío. Según los expertos económicos, el futuro de la economía local pasa por crear industrias agroalimentarias de transformación de los productos agrícolas, así como por mejorar los cauces de gestión y comercialización de los productos agrícolas. El principal obstáculo de cara a un mejor futuro económico puede estar en la tradicional mentalidad de nuestra sociedad agrícola, que muestra poca inquietud por la actividad empresarial. Precisamente uno de los objetivos de la Mancomunidad de Desarrollo Local Campiña-Andévalo, en la que está integrada nuestro municipio, junto con los de San Juan del Puerto, Trigueros y Valverde del Camino, y con sede en Beas, es conseguir una potenciación del sector servicios a través de la formación y el apoyo a nuevos empresarios.

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